Mi afición por el café

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No recuerdo desde cuándo empecé a tomar café. En casa vivía con nosotros mi abuela materna y siempre tomaba café con leche o café de olla. Nació y se crió en Veracruz, así que por eso debía gustarle el café. Me acuerdo y aun saboreo los desayunos que preparaba algunos fines de semana cuando era niña, de unos 8 o 9 años a lo más: huevos revueltos servidos con frijoles refritos a un lado, chorizo doradito al otro, con tortillas y café con leche. El ritual era poner en un cachito de tortilla un poco de cada cosa y comerlo de un bocado. Pero no recuerdo si del diario tomaba café con leche. El sabor de la leche sola me choca, nunca me gustó y solo la tomaba si tenía café o chocolate. Ya más grande me preparaba mi mezcla especial de café soluble con chocolate y leche, una moka casera. Mi mamá preparaba de vez en cuando café de olla con piloncillo y canela, a la mexicana y me gustaba (ahora ya no mucho).

Cuando era mi época de preparatoria y me reunía con mis compañeros a estudiar o hacer trabajos en casa de alguno de nosotros, preparábamos ollas enormes de café dizque para mantenernos despiertos y poder estudiar hasta altas horas de la noche. Yo lograba mantenerme despierta más que por la cafeína que me espantara el sueño, por el efecto diurético y mis infinitas vueltas al baño. El café nunca me ha quitado el sueño. Puedo tomarme un espresso doble y luego dormir feliz una siesta. Cuando llego a tener insomnio es por causas muy ajenas a la cafeína.

Terminando la prepa estudié Química de Alimentos en la Facultad de Química de la UNAM (el nombre oficial es Químico Farmacéutico Biólogo con Orientación en Tecnología de Alimentos). A media carrera por azares del destino asistí a una conferencia sobre la química del sabor. Me enamoré del concepto y me fascinó todo lo que tuviera que ver con las reacciones químicas que generan los cambios de sabor de los alimentos crudos a los cocidos. Al terminar mi carrera, gracias a mi insistencia en el tema, pude hacer mi servicio social en una empresa de sabores (IFF International Flavors and Fragrances) y conocí el mundo del sabor. Dentro de los múltiples proyectos del laboratorio de desarrollo había uno sobre sabor natural del café. El objetivo era obtener un saborizante natural muy concentrado, de café. Con métodos muy novedosos de aquellos tiempos (finales de los 80). Platicando con mi jefe le pedí hacer mi tesis para titularme de licenciatura con ese proyecto. Así que iba a trabajar los domingos para sacar el bendito extracto de café. En realidad no era yo más que el achichincle del jefe y él era el que inventaba y desarrollaba todo. Obtuvimos varios prototipos que iba a probar en café frío enlatado (tratando de copiar unos muy famosos de Japón) y no me acuerdo qué otra cosa más. En unas vacaciones me fui a Villa Juárez en Puebla a un Congreso o Simposio del cultivo del café. Es una de las zonas más importantes de cultivo de café en México. Nos reunimos por unos 4 días escuchando ponencias sobre la planta del café, las tierras de cultivo, métodos de mejora para los cafeticultores, procesamiento y obtención de los granos. Visitamos cafetales y plantas procesadoras del grano. Información invaluable para mi tesis. Cuando empecé a redactar los antecedentes para mi tesis recapacitamos que el proyecto manejaba información muy sensible para la compañía y sus futuros negocios y publicar esos datos en una tesis que puede leer cualquiera que se acerque a la Biblioteca Central de la UNAM, era exponer sus secretos y preferimos no arriesgarnos.  Cancelé esa tesis y empecé otra. Finalmente yo había realizado mi trabajo con el concentrado como parte de mi empleo en la empresa. Lo demás iba a ser por mi cuenta. Dejé de trabajar ahí y me dediqué de tiempo completo a escribir mi tesis para titularme pronto. Acabé haciendo una investigación bibliográfica sobre “La tecnología de las Microondas y su aplicación en la industria de los alimentos”. Era una época donde apenas unas cuántas familias contaban con un horno de microondas en casa. Me titulé con honores y cubrí el expediente.

Ya con título en mano conseguí trabajo en una transnacional en desarrollo de productos de papel: toallas sanitarias y pañales. No lo parece, pero fue muy divertido. En otras vacaciones me fui a Seattle, WA: la casa de Starbucks. Hubo un congreso de café de 3 días y me fui para allá yo sola y mi alma. Tomé el curso para empezar un negocio de cafetería. No porque pensara hacerlo pronto. No tenía fondos como para hacer una inversión así, pero me encantaba la idea. Y pensé, algún día tendré el dinero y ya sabré qué hacer. Nunca lo hice, pero aprendí cosas del café que no sabía y me entusiasmaba mucho.

Mi vida profesional ha tenido muchos cambios y ahora manejo un negocio propio, una comercializadora donde vendo y compro cosas de todo tipo. Pero la espinita del café sigue ahí. Entonces decidí probar con este sitio. Es una tienda virtual de café y productos relacionados con el café. La base es del modelo de negocios afiliados a amazon.com.  Aquí les sugeriré productos relacionados con el café y escribiré de vez en cuando mis aventuras cafeteras. Espero les interese y si se animan a comprar algo que yo les sugiera, Amazon me pagará una comisión por haberlo recomendado. Pagan directamente a Amazon, yo nunca tendré acceso su información bancaria.

Espero sus comentarios y aquí seguimos en la reseña del café y sus maravillas.

 

Mónica Chávez
Ciudad de México